Orlando Hurtado

La Silleta

Escrito por Orlando Augusto Hurtado Lara el . Publicado en Orlando Hurtado

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Dolores es un pueblo del estado Barinas. Es apenas un lugar con las características propias de los centros poblados del llano venezolano. Aquí estoy en sus calles recordando mil vivencias del ayer. La plaza Bolívar, los motorizados y ciclistas, la comisaría, los comercios que venden (o vendían) de todo, y la esencia pueblerina típica, donde la humildad, el buen humor y la receptividad son inherentes al lugareño. Todos éstos elementos proyectan una película en mis ojos que me traslada a mi pasado personal.

Muchos días de mi infancia los viví en estas calles. Mi papá tenía una finca muy cerca de aquí y desde esa fundación a orillas del río Masparro, veníamos a "apertrecharnos" al "Pueblo", lo que sin darme cuenta, aquellos instantes representaron momentos de infinita alegría.

De tanto hacerlo por tantos años, mi papá y todos nosotros, hicimos una hermosa amistad con la señora “Tola”, una mujer como pocas, que levantó a 10 hijos lavando ropa, haciendo empanadas y desempeñándose en mil cosas, todas dignas, para levantar a su familia. En La casa de “Tola” precisamente, mi papá durmió muchas veces cuando por alguna circunstancia no podía dormir en la finca.

Anoche dormí en el mismo cuarto donde mi papá lo hizo tantas veces, y ‎hoy la señora Tola al servirme el desayuno me dijo:‎ "Estás sentado en una silla que me regaló tu papá. Un día se apareció con 8 “silletas” hechas de cedro y cuero de vaca y me dijo: ´Toma Tola pa ti´. Y ahí están intactas desde hace más de 25 años".

También me contó doña Eustorgia de Abreu (Su nombre verdadero) que mi papá era muy buen comensal y cuando ella le preguntaba que si tenía hambre, él le contestaba de inmediato: "Es que a mí nunca se me quita", de inmediato vinieron las risas. Ahora comprendo algunos de mis comportamientos gastronómicos.

Otra anécdota que me contó mi querida Tola fue cuando un domingo cualquiera mi papá fue a comprar el periódico y regresó directo al cuarto a leerlo. Al cabo de un rato salió exaltado y le dijo en voz alta: "Tola, me voy a Maracay a ver a mi esposa y a mis hijos". Me contó Tola que en menos de una hora tenía un balde de queso, otro de carne, un racimo de topochos y otros víveres listos en la sala de la casa. Incorporó sus maletas y en un viaje de más de 8 horas con varias escalas en autobús, se fue a Maracay.

Supongo que fue una de esas tantas veces que llegó a la casa de sorpresa y todos salimos corriendo a recibirlo. Después que mi viejo se fue, cuando doña Tola entró al cuarto consiguió el periódico abierto donde se leía: “Hoy es el día del abrazo en familia”.‎ Sin duda ese domingo, aunque tarde, se estrecharon nuestros brazos.

Tantos hermosos momentos en estos predios me recuerdan que la vida es cada segundo, y que si pudiera retroceder el tiempo, hubiese abrazado muchas más veces a mi padre. Pero sin duda, en este cuarto, en este momento, entre recuerdos y lágrimas, él y yo nos estamos dando el mayor de los abrazos.

Orlando Augusto Hurtado Lara
@Cunavichero

 

Tags: papá, Dolores,

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