Orlando Hurtado

El llano es un paraíso

Escrito por Orlando Augusto Hurtado Lara el . Publicado en Orlando Hurtado

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Como con frecuencia sucede en mi vida, hace pocos días me tocó viajar hacia el llano, sin embargo tenía un par de años que no lo hacía en tiempos de invierno. Salí desde Maracay rumbo a Guasdualito, Alto Apure, con la alegría que siempre me produce saber que voy a encontrarme con el llano.
La ruta que tomé fue por Barinas, es decir, por la autopista José Antonio Páez desviándome en "Puente Páez" hacia Sabaneta, Santa Rosa, Libertad, Dolores, Ciudad de Nutrias, Bruzual, y finalmente Guasdualito. Desde que me incorporé a la autopista, en la salida de San Carlos de Cojedes, el paisaje fue una caricia para la vista y para el alma.

Sabanas inmensas a ambos lados de la carretera me fueron poblando la mirada de ganado, siembra, verdor, y sobre todo de esperanza, porque siempre existirá una posibilidad de progreso, mientras exista gente que ame, trabaje y crea en su tierra.
Ese llano hermoso de Cojedes comparte extensiones inmensas de sabana con Portuguesa,  quien a su vez abre las puertas del estado Barinas. Por toda la carretera observé vendedores de vida, a través del fruto de las entrañas de todo ese campo noble venezolano.

Así llegué al Puente José Cornelio Muñoz sobre el imponente Río Apure. Un hermoso puente colgante cuyo jefe de proyecto y construcción, en equipo con la empresa Vandam y el Ministerio de Obras Públicas (Mop), fue mi papá, Orlando Hurtado.
Desde el puente observé el pueblo de Bruzual y tras él, el llano apureño. Abajo, el río rumoroso guardador de tantos secretos en sus barrancas y cuyas aguas nunca se detienen, así como la vida misma.

A partir de allí comencé a ver el llano más solitario,  sin caseríos ni vendedores de camino, solo una vena de asfalto rompiendo el manto verde de la sabana, para permitir la conexión entre los centros poblados,  esta vez más alejados uno del otro.

Esteros llenos de gabanes, alcaravanes, garzas blancas, rosadas y paletas, corocoras, chigüires, patos, gallitos laguneros, gavilanes y más, dibujaron  ante mis ojos un cuadro multicolor profundo,  intenso y musical; porque oír el llano es oír la melodía de la naturaleza diciendo que Dios existe.

Un oso palmero en alguna parte seca buscaba alimentarse, babos y galápagos se asoleaban en las orillas de los caños y préstamos.  Un morrocoy me hizo detener el carro para permitirle el paso por la carretera y en la lejanía miles de reses pastaban en esa obra que los llaneros llaman "Cielo y sabana" para describir el encuentro en el horizonte del llano infinito con el firmamento.

Debo decirles que yo nací en Barquisimeto y soy fruto de las entrañas de una lerense y un apureño, solo que habiendo crecido hasta los 17 años en un ambiente campestre en la finca familiar, y un contexto urbano entre Barquisimeto y Maracay, puedo decir que soy una suerte de F1 entre la ciudad y el campo. "Llanero es llanero hasta la quinta generación " dijo Gallegos, debe ser por eso que vibro en alta frecuencia con la cultura llanera.

Yo amo el llano, amo su cultura, amo a su gente y parafraseando a Augusto Braca me lleno de amor y felicidad cuando voy por sus caminos,  por eso lo celo, lo cuido, lo respeto y con el permiso de Dios  y de su gente, difundo y defiendo sus tradiciones.

Mi corazón late más fuerte cuando escucho un joropo, mi sangre se vuelve llano cuando canto un pasaje, mi voz se hace silvestre cuando recito un poema y mi alma es más pura cuando se sabe heredera de esta forma de vida.

Finalmente llegué a mi destino y el gentilicio altoapureño me recibió con carne asada y cachapa, además de la sonrisa amplia y los brazos abiertos.

 

¡Gracias llanura!

Orlando Hurtado
@Cunavichero

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